Si
Barcelona dejó de dar la espalda al mar gracias a la transformación que sufrió la urbe con motivo de los
Juegos Olímpicos de 1992,
Madrid ha hecho lo propio con su río, aunque la ocasión no haya tenido que ver con la organización de unas Olimpiadas que todavía se resisten.
La ciudad de
Madrid y el Manzanares se han reconciliado tras años sin mirarse el uno al otro. El río que atraviesa la capital de España nunca gozó de muchas simpatías; se le acusó de pequeño, de poco caudaloso e incluso de
'arroyo aprendiz de río', como señaló el propio
Francisco de Quevedo. Sin embargo, pese a que el menguado canal del Manzanares sigue sin incrementarse, al menos ahora su paso por Madrid
cuenta con un parque a la altura de este afluente del Jarama tantas veces despreciado. Tras unas faraónicas obras para
soterrar la M-30 a su paso por las orillas del río y el posterior acondicionamiento exterior, el parque
Madrid Río ya es una realidad para delicia de madrileños y visitantes.
Un gran corredor desde el Pardo hasta el Nudo Sur
El 15 de abril fue el día en el que se abrieron al público los últimos espacios verdes, puentes y
pasarelas, por lo que ya se pueden disfrutar de los 1.210.881 metros cuadrados con los que cuenta Madrid Río y que han posibilitado la existencia de un
corredor verde desde El Pardo hasta el Nudo Sur y que también une el
Parque Lineal del Manzanares y la
Casa de Campo. En este parque de 120 hectáreas se encuentran 40.771 m2 de instalaciones deportivas, en los que hay 33 pistas para practicar diversas modalidades deportivas, así como tres de actividades para mayores y 17 zonas de juegos infantiles, destacando
los enormes toboganes y la tirolina, que ya están causando furor entre los niños madrileños.
Además de ello se han inaugurado
33 pasos que unen las dos riberas del Manzanares a lo largo del nuevo parque y se han rehabilitado algunos de los históricos puentes que salvaban el río, como el
Puente de Praga, el de
San Isidro y el de Toledo entre otros. Pero de entre todas estas pasarelas la que más personalidad dota a este nuevo proyecto es
el Puente diseñado por Dominique Perrault, que ubicado entre el
Puente de Toledo y el
Parque de la Arganzuela destaca por su belleza, modernidad y monumentalidad.
La monumentalidad del Puente de Perrault
Muy cerca de
Perrault se halla el nuevo Parque de la Arganzuela, que ahora acoge también la
playa urbana de Madrid, un espacio compuesto por
tres recintos acuáticos de forma ovalada y de escasa profundidad para refrescarse y soportar los rigores primaverales y estivales de la capital. Por su parte,
el Matadero y el Invernadero también están en proceso de restauración. Asimismo,
el Salón de Pinos y los 5.963 árboles de 47 especies y los 470.844 arbustos de 38 especies componen la oferta de flora del enorme parque, dotando al lugar de mayor belleza y naturalidad.
La gran obra de las obras que comenzó en 2004 impulsada por el alcalde de Madrid,
Alberto Ruiz Gallardón, y que también ha financiado el
Plan E de Zapatero, ha endeudado aún más a los madrileños; sin embargo les ha dado un
nuevo parque para su disfrute y les ha devuelto el río, ese Manzanares que quizás ahora vuelva a tener la importancia y la dignidad que tanto se merece.